
“No querer tener la razón proporciona mucha paz”
Rafael Santandreu
Desde que comencé como consejero y director de empresas, me he enfocado en crear estrategias clave para hacer crecer a las organizaciones que confían en mí. Sin embargo, este afán de mejora continua me ha llevado por caminos solitarios, donde la auto-reflexión y el análisis profundo son esenciales. Y es que, en la mayoría de las discusiones, el mayor reto es no perder el enfoque.
En psicología cognitiva, como menciona Rafael Santandreu en su libro No hagas montañas de granos de arena, la clave para la fortaleza emocional es aprender a necesitar poco. Reflexionando sobre esto, me di cuenta de cuánto tiempo y energía he invertido en querer tener la razón. Aunque a menudo lo logré, el costo fue un desgaste emocional, físico y mental.
Con el tiempo, me di cuenta de que luchar por tener siempre la razón era como intentar remar contra la corriente: desgastante y poco productivo. Al dejar de lado esa necesidad, descubrí algo liberador. Al ceder en discusiones sin salida, no solo ganaba tranquilidad, sino que creaba un ambiente más colaborativo y positivo a mi alrededor. Es como en una partida de ajedrez: no siempre se trata de ganar cada jugada, sino de avanzar con estrategia, lo que al final genera mejores resultados para todos.
Gracias a estas experiencias, aprendí a utilizar frases simples pero poderosas, como:
- "Puede ser..."
- "Ah, ya veo..."
- "Claro, te entiendo..."
- "Tienes razón..."
Incorporar estas respuestas en mi día a día me ha dado una paz que no conocía. De repente, todo comenzó a fluir de manera más natural. Hoy, en este espacio, te invito a probar estas frases y notar cómo, poco a poco, la vida se vuelve más llevadera. Recuerda que querer tener siempre la razón es una señal de debilidad, no de fortaleza.
La verdadera libertad emocional es una sensación maravillosa. Atrévete a dar el primer paso y abrazar ese cambio, un día a la vez.
CaE.